Dr. Pablo A. Jiménez

Un portal sobre religión y cultura por el Rev. Dr. Pablo A. Jiménez, Pastor de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en el Bo. Espinosa, Dorado, Puerto Rico y director de www.predicar.org, un portal electrónico dedicado al arte cristiano de la predicación.

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miércoles, octubre 25, 2006

El desafío de la mujer cananea

Un estudio bíblico escrito por el Rev. Dr. Pablo A. Jiménez, Pastor de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en Espinosa, Dorado, PR

Introducción
El final del Evangelio según San Mateo -- conocido como "La gran comisión" (28:16-20) -- presenta un entendimiento amplio de la misión cristiana. Este pasaje llama a hacer discípulos en todas las naciones (v. 19). Por lo tanto, afirma que el Evangelio está abierto tanto a las personas judías como a las que no lo son.
Sin embargo, otras partes de Mateo presentan un concepto distinto de la misión. En el Sermón misionero de Jesús, que aparece en el capítulo 10, encontramos un texto que apoya una visión limitada de la tarea de la iglesia: "A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones diciendo: Por camino de gentiles, no vayáis, y en ciudad de gentiles, no entréis, sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel" (Mateo 10:5-6).
Esta discrepancia en la teología de Mateo conduce a una pregunta: ¿Por qué ocurre este cambio en la visión misionera? ¿Qué suceso provoca esta transformación?
La pista para resolver este enigma se encuentra en el relato de La fe de la mujer cananea que aparece en Mateo 15:21-28. Este pasaje marca el momento en el cuál Jesús adopta una posición abierta y universalista de la misión cristiana. En este sentido, el relato de la Cananea es uno de los pasajes centrales del Primer Evangelio. Pasemos, pues, a considerar algunos aspectos importantes de este relato y a explorar su mensaje para la iglesia de hoy.

Jesús y la mujer cananea
Según Mateo, este es el único episodio del ministerio de Jesús que ocurre fuera de Israel. Jesús va a las regiones de Tiro y de Sidón (v. 21) -- la periferia de la Tierra Santa -- al sur del Líbano. Estas regiones colindan con el norte de Galilea, la patria de Jesús. Para el liderazgo religioso de Jerusalén, éstos eran territorios impuros donde la fe judía estaba contaminada con ideas paganas. El Nuevo Testamento recoge este prejuicio en versos como Juan 7:52, donde los principales sacerdotes y fariseos le recuerdan a Nicodemo que "de Galilea nunca se ha levantado profeta."
Al llegar a territorio extranjero, una mujer le sale al paso (v. 22a) y le dice que su hija era atormentada por un demonio (v. 22b). Al acercarse a Jesús, esta mujer estaba cometiendo un acto impropio para la gente de su época. En el mundo antiguo -- como en algunas culturas islámicas hoy -- se le prohibía a la mujer hablar en público. Sólo las prostitutas abordaban a los hombres en la calle. Nuestro idioma recoge este prejuicio en frases tales como "mujer de la calle" o "mujer pública." La condición de esta mujer era aún más grave, ya que era extranjera. El texto la identifica como "cananea", es decir, fenicia o libanesa. Sin embargo, la mujer tenía algún conocimiento de la fe judía, ya que llama a Jesús "Hijo de David" (v. 22b). Esto no implica que la mujer se había convertido al judaísmo, sino que -- dada la proximidad a Galilea -- conocía la esperanza de la llegada del Mesías de Israel.
Jesús permanece callado ante el grito de la mujer (v. 23a). Esto contrasta con la actitud de los discípulos, quienes le piden a Jesús que la despida porque estaba haciendo un escándalo (v. 23b). El Maestro responde usando palabras muy duras: "No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel" (v. 24). Jesús afirma el concepto judío tradicional de la misión: Su ministerio está limitado al pueblo de Israel (vea Mt. 10:6).
Sin embargo, la mujer continúa gritando: "¡Señor, socórreme!" (v. 25). El entendimiento tradicional de la misión no es suficiente para ella, pues no puede transformar su situación dolorosa. Una vez más, Jesús reitera su posición usando palabras sumamente fuertes: "No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos" (v. 26). En el tiempo de Jesús la palabra "perro" era un término común para expresar desprecio o injuriar a otra persona. En particular, los judíos llamaban "perros" a los samaritanos y a los extranjeros.
Sorpresivamente, la mujer desafía a Jesús con una frase maravillosa: "Sí, Señor; pero aún los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos" (v. 27). Las "migajas" eran los pedazos de pan sin levadura usados por los comensales para meter la mano en el plato, recoger la comida y llevársela a la boca. Cuando se mojaba, se echaba al piso y se cortaba otro pedazo. También se usaban pedazos de pan para limpiarse las manos después de comer. En otras palabra, las "migajas" sustituían a los cubiertos y las servilletas de hoy.
La Cananea no desea desbancar al pueblo judío ni desafiar su posición en el plan divino. Ella sólo aspira a "comer las sobras". Sólo aspira a alcanzar un poco de la misericordia que los "escogidos" han rechazado.
Ante la contundente frase de la mujer, Jesús contesta su petición. Después de alabarla por su fe, el Maestro la despide afirmando que la joven endemoniada había sido liberada de las fuerzas del mal (v. 28).

Un nuevo concepto de la misión
Al principio, Jesús afirma que su ministerio está limitado al pueblo de Israel. Sin embargo, la mujer desafía el concepto limitado de la misión y Jesús adopta una nueva política misionera. Ahora los extranjeros también pueden alcanzar salvación. A partir de este momento, la misión cristiana queda abierta y la Iglesia está llamada a ir "a todas las naciones" (Mt. 28:19).
Este relato nos llama a evaluar nuestra práctica misionera. Los discípulos, convencidos de estar siguiendo la voluntad de Dios, rechazaron a una mujer atormentada por el mal. La rechazaron por su nacionalidad, por su condición social y por ser mujer. En vez de conducirla al Dios de la vida, la dejaron en garras de las fuerzas del mal. Mirándonos en este espejo, debemos preguntar, ¿quiénes son las "mujeres cananeas" hoy? ¿Cuál es nuestra actitud ante las personas que son distintas a nosotros? ¿Cómo podemos desarrollar ministerios para liberar a las personas marginadas?
El encuentro de Jesús y la Cananea nos llama a desarrollar una visión misionera abierta e inclusiva. Un trabajo misionero que libere a las personas oprimidas por el mal. Un enfoque misionero libre del sexismo, del racismo y de los prejuicios sociales que limitan el alcance de la iglesia. Una iglesia donde las "mujeres cananeas" de hoy encuentren salud, misericordia y salvación.

1 Comments:

Anonymous Jonathan said...

Saludos,

Este estudio me confronto y me puso a reflexionar sobre lo insensibles y excluyentes que podemos ser a veces como iglesia. Digo esto por que a veces me quedo sorprendido con experiencias que amistades no creyentes comparten conmigo acerca de como de alguna u otra manera han sido rechazados por el pueblo de Dios. Esto a su vez crea un efecto recíproco ya que esas mismas personas crean tal odio y resentimiento hacia la Fe cristiana que son ellos los que nos rechazan por simplemente ser cristianos. Y que mucho duele cuando nos pasa eso!, que no rechazen. Por eso es menester de nosotros la iglesia, no excluir sino incluir a las personas en la manera que se nos haga posible. Mas bien, ser facilitadores para las personas que no conocen pero, como la mujer cananea, anelan conocer de este evangelio que por gracia tenemos. Claro, no podemos dejar nuestra identidad cristiana para ser un facilitador, cosa que estoy notando que esta ocurriendo en la iglesia en gengeral. Se imita al mundo, para que el mundo venga a Jesús. Pero eso es otro tema. En fin, el estudio me dio par de azotes como se dice por ahi, por que confronta y exhorta al pueblo de Dios a ser sensibles y entendidos con la gente que quiere conocer de Dios, pero son "diferentes" a nosotros en algun aspecto.

12:27 p. m.  

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